Viene a mi mente aquella canción de Jarabe de Palo “Realidad o sueño” (http://www.youtube.com/watch?v=Nm3QhuZe8Ok):
“¿Qué hay de malo en perseguir
los sueños? ¿Qué hay de malo en soñar despierto?”
“¿Son los sueños realidad o sueños? ¿Es la realidad verdad o un sueño?”
A veces es complicado distinguir
entre los sueños y la realidad.
¿De qué está hecha
nuestra realidad? Buda dijo alguna vez: “Todo
lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros
pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”. Pero nuestros
pensamientos, aunque existen y sean innegables, ¿son reales o ficticios? O mejor, ¿dependen de las propiedades
tangibles de las cosas o de nuestras experiencias y sensaciones? Y esta
idea… ¿es un pensamiento spinoziano o es mío?
Después de Freud
sabemos que cada persona puede mantener un diálogo singular con su inocente
fantasía y que, además, esto le permite a cada uno mejorar su vida. Entonces,
esas fantasías o sueños ¿son reales o simplemente pueden influir y transformar
mi realidad? Pero, si lo hacen ¿no terminan entonces siendo reales? Que lio.
Qué tal si yo dijera: “Dame un sueño… Y haré de él un hecho”. Aunque suene a frase romántica
(como para decirsela a la persona amada y que ésta caiga rendida a tus pies) no
hay duda que muchos – yo mismo lo he hecho– han logrado transformar los sueños
de alguien en realidad. Entonces, ¿será que la frontera entre sueño y realidad
no es infranqueable? ¿No será que los sueños hacen parte de esa porción de la
realidad que aún no es pero que puede llegar a ser si lo deseamos y nos
esforzamos?
Yo con frecuencia sueño
con los ojos bien abiertos y me creo lo que sueño. Además, por mi forma de ser,
creo en los sueños indestructibles (como esos que poseen los niños cuando
juegan o dialogan son su “amigo imaginario” o cuando construyen realidades
imaginarias). Y creo en los sueños reales que circulan por ahí, sin rumbo ni
dueño, esperando que cualquiera se los apropie y los haga reales para alguien.
Pero no por creer en todo ello me siento menos realista que quienes piensan que
soñar es perder el tiempo.
¿Por qué será que
cuando se quiere promocionar algo se utiliza la consabida frase “un sueño hecho realidad”? ¿Será solo
cuestión de mercadeo o publicidad? O será que, en el fondo, todos sabemos que
la frontera entre sueño y realidad no es infranqueable, o mejor, que no existe.
Ahora bien, un
proyecto (¿un sueño?) se adapta, se adecua o aplica a la vida al realizarse; y
una teoría (¿será real una teoría?) adquiere pleno sentido cuando se la lleva a la
práctica. Entonces, ¿no será que un sueño se vuelve auténtico cuando desaparece
la frontera entre él y la realidad? ¿No será que los sueños son simplemente
aquella realidad que aún no está en nuestras manos, pero que si luchamos por
ella la podremos conseguir?
Porque creo en todo
lo que he escrito hasta aquí… me atrevo ahora a decir: Cree en tus sueños para
que ellos crean en ti… y así todo lo que hasta ahora sólo has logrado imaginar
se transformará en realidad.
Porque lo que imaginamos existe, aunque en el mundo de los sueños. Pero
no hay problema: cada niño que nace viene al mundo con el mayor de
los dones: un corazón con el poder para convertir los sueños en realidad. El
problema es que la cruel realidad que hemos creado (incluida en ello la
educación) - si nos descuidamos- puede
robarnos o destruirnos ese poder. No te dejes. No permitas que nada ni nadie te
robe el poder que tienes de convertir tus sueños en realidad.