Este blog recoge y presenta mi experiencia como ser humano, como profesor-formador (¿o deformador?) y como investigador y escritor. Mi lema ha sido: Siempre a un paso de ser profundamente humano, siempre aprendiendo, siempre buscando, siempre amando... siempre experimentando praxeológicamente.
lunes, 4 de mayo de 2026
Entre Woolf y Husserl: palabras, visión creativa y vida cotidiana
viernes, 2 de mayo de 2025
Equivocarse es humano
Para nadie es desconocida esa expresión de que equivocarse es humano....muchas veces nos sirve de justificación.
Un autor del pasado, Alexander Pope lo dijo, pero con un complemento:
"Equivocarse es humano, perdonar es divino". Yo además añadiría:
"Rectificar es de sabios". Muchos de nosotros somos ejemplos
evidentes de esta expresión. Nos equivocamos a cada rato, incluso cuando no lo
deseamos; hacemos daño a los demás, incluso a los que amamos; con frecuencia
nos arrepentimos, a veces con dolor verdadero y profundo; pero reincidimos en
las equivocaciones, muchas veces sin quererlo y sin saber cómo... No hay duda:
los humanos nos equivocamos...Y es obvio porque nos damos cuenta (por eso somos
humanos). Pero lo clave es que podemos rectificar los errores (y eso nos hace
sabios) y, mejor aún, perdonar (y perdonarnos) los errores (y eso nos hace
divinos).
Creo que nuestras equivocaciones o errores pueden tener muchas causas:
1. Porque exageramos la importancia de lo que hacemos o buscamos.
2. Porque no podemos controlar nuestra impaciencia y nos apresuramos al actuar.
3. Porque nos dejamos dominar por nuestros impulsos y pasiones.
4. Porque nos dejamos influenciar por los demás o, simplemente, por el
ambiente.
5. Porque nos sentimos impotentes...y, obviamente, actuamos como tales.
Pero, y eso es tal vez más importante, nuestras equivocaciones tienen muchas
consecuencias porque:
1. Querámoslo o no, somos responsables, sobre todo de los demás.
2. Las leyes y los principios éticos producen resultados más allá de nosotros
mismos.
Además de esto, creo que algo muy importante y no siempre tenemos en
cuenta es que cuando nos equivocamos aparecen en nosotros ciertas actitudes
negativas que empeoran las consecuencias de nuestros errores.
Actitudes como: orgullo, menosprecio de los demás, egoísmo, autojustificación,
pasividad, desinterés, evasión, etcétera.
Tal vez la clave de todo esto, que es profundamente humana, está en que tenemos que APRENDER ALGO DE NUESTROS ERRORES. Y creo que, cuando miramos y aceptamos la MISERICORDIA de Dios y de los demás, podemos aprender cosas como:
1. Quienes se equivocan son lo más necesitados de comprensión, de perdón, de
amor. Pero no siempre somos lo suficientemente comprensivos, ni siquiera con
nosotros mismos.
2. Por más que tengamos unos principios sólidos, eso no nos puede impedir
perdonar y entender a quien ha cometido un error (lo que para nada significa
que cambiemos nuestros principios o planes).
3. El aceptar a quien se equivoca nos hace comprender mucho más lo que esa
persona es, lo que siente, lo que sufre, lo que anhela y no logra realizar.
Existe un proverbio que, mas o menos, dice que el ser humano es el
único ser capaz de tropezar dos veces con la misma piedra...Nuestra naturaleza
es equivocarnos. No se trata de justificar nuestros errores ni de olvidar
nuestra responsabilidad (grave sería, como lo dijo Baltasar Gracian:
"Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros"), sino de
asumir nuestra condición y aprender de ella. Nos equivocamos, es cierto, pero
podemos rectificar y, mejor aún, podemos perdonar y perdonarnos.
No es malo cometer errores; es más, probablemente aprendemos más de ellos que
de los aciertos (obviamente si los reconocemos, si los aceptamos, si los
perdonamos). Así que, después de un error o equivocación...hay que seguir
adelante, sin temor a volvernos a equivocar. Y es que el temor a volvernos a
equivocar nos conduce, casi con seguridad, a una nueva equivocación.
LA CONCLUSIÓN DE TODO ESTO: es que nuestros errores son una clara muestra de
nuestra capacidad de elegir, de nuestra libertad, de nuestro derecho a
equivocarnos. Pero para hacer uso de este derecho, debemos tener claro los
deberes que implica: el de rectificar el error, el de pedir disculpas a quien
afectó y el de perdonarnos por haberlo cometido (y perdonar, si es el caso, a
otro que, al cometer un error, nos afectó a nosotros).
domingo, 6 de abril de 2025
A pesar de todo...di sí a la felicidad.
Recuerdo una estrofa común en ciertas canciones (con algunas variaciones):
“A pesar de todo; a pesar de todo, yo me enamoré”, "A pesar de todo(s)..te amo"
Y ese recuerdo me lleva a decir algo más fuerte: “A pesar de todo, aprendí a ser feliz”…
Pero se complica más, cuando alguien se pregunta: ¿Por qué no soy feliz?
Hay personas que nunca se sienten realizadas; todo les fastidia.
Van por este mundo hermoso como aquel niño que persigue el horizonte:
a pesar de todos sus esfuerzos, el horizonte parece irónicamente alejarse.
Para estas personas, la felicidad siempre se encuentra más allá de donde
ellos están.
Para ellos la realidad y la felicidad son algo condicional:
“Cuando encuentre a la persona adecuada, entonces me comprometere y seré
feliz”
O, en el peor de los casos: “Cuando me separe de mi actual pareja,
entonces seré feliz”
O, "cuando deje este trabajo", o “cuando tenga dinero entonces….”
Y eso por algo muy sencillo: La felicidad no consiste en hallar a la persona adecuada, sino en ser tú la persona adecuada; no consiste en tener el trabajo adecuado, sino en ser feliz haciendo lo que haces; no consiste en encontrar lo que te hace feliz, sino en aprender a llevar felicidad a los demás.
Ahora entiendo la sabiduría como ese tratar de ver siempre el lado bueno de las cosas: Como la voluntad de ser feliz a pesar de todo. Como la decisión de dejar de buscarla afuera de uno mismo, para construirla desde dentro de nosotros mismos…a pesar de todo.
Si no vivo para ser feliz, ¿para qué vivo?
Sé que hay personas
que pasan dificultades y la posibilidad de ser felices no figura en su
horizonte. Sin embargo, creo que aunque parezca absurdo, aunque creamos que no
lo merecemos o suene egoísta, la búsqueda de la felicidad siempre debe guiar
nuestros pasos. Aunque todo nos parezca en contra; y veamos más sombras que luces
y casi no nos queden fuerzas…. A pesar de todo, la felicidad debe ser siempre nuestra
meta.
En todo caso, tal vez la clave está que algún día digan de mí: "Vivía lo que decía" y "Decía lo que vivía". Coherencia.
miércoles, 19 de marzo de 2025
¿Realidad o/y sueño?
Viene a mi mente aquella canción de Jarabe de Palo “Realidad o sueño” (http://www.youtube.com/watch?v=Nm3QhuZe8Ok):
“¿Qué hay de malo en perseguir
los sueños? ¿Qué hay de malo en soñar despierto?”
“¿Son los sueños realidad o sueños? ¿Es la realidad verdad o un sueño?”
A veces es complicado distinguir
entre los sueños y la realidad.
¿De qué está hecha
nuestra realidad? Buda dijo alguna vez: “Todo
lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros
pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”. Pero nuestros
pensamientos, aunque existen y sean innegables, ¿son reales o ficticios? O mejor, ¿dependen de las propiedades
tangibles de las cosas o de nuestras experiencias y sensaciones? Y esta
idea… ¿es un pensamiento spinoziano o es mío?
Después de Freud
sabemos que cada persona puede mantener un diálogo singular con su inocente
fantasía y que, además, esto le permite a cada uno mejorar su vida. Entonces,
esas fantasías o sueños ¿son reales o simplemente pueden influir y transformar
mi realidad? Pero, si lo hacen ¿no terminan entonces siendo reales? Que lio.
Qué tal si yo dijera: “Dame un sueño… Y haré de él un hecho”. Aunque suene a frase romántica
(como para decirsela a la persona amada y que ésta caiga rendida a tus pies) no
hay duda que muchos – yo mismo lo he hecho– han logrado transformar los sueños
de alguien en realidad. Entonces, ¿será que la frontera entre sueño y realidad
no es infranqueable? ¿No será que los sueños hacen parte de esa porción de la
realidad que aún no es pero que puede llegar a ser si lo deseamos y nos
esforzamos?
Yo con frecuencia sueño
con los ojos bien abiertos y me creo lo que sueño. Además, por mi forma de ser,
creo en los sueños indestructibles (como esos que poseen los niños cuando
juegan o dialogan son su “amigo imaginario” o cuando construyen realidades
imaginarias). Y creo en los sueños reales que circulan por ahí, sin rumbo ni
dueño, esperando que cualquiera se los apropie y los haga reales para alguien.
Pero no por creer en todo ello me siento menos realista que quienes piensan que
soñar es perder el tiempo.
¿Por qué será que
cuando se quiere promocionar algo se utiliza la consabida frase “un sueño hecho realidad”? ¿Será solo
cuestión de mercadeo o publicidad? O será que, en el fondo, todos sabemos que
la frontera entre sueño y realidad no es infranqueable, o mejor, que no existe.
Ahora bien, un
proyecto (¿un sueño?) se adapta, se adecua o aplica a la vida al realizarse; y
una teoría (¿será real una teoría?) adquiere pleno sentido cuando se la lleva a la
práctica. Entonces, ¿no será que un sueño se vuelve auténtico cuando desaparece
la frontera entre él y la realidad? ¿No será que los sueños son simplemente
aquella realidad que aún no está en nuestras manos, pero que si luchamos por
ella la podremos conseguir?
Porque creo en todo
lo que he escrito hasta aquí… me atrevo ahora a decir: Cree en tus sueños para
que ellos crean en ti… y así todo lo que hasta ahora sólo has logrado imaginar
se transformará en realidad.
Porque lo que imaginamos existe, aunque en el mundo de los sueños. Pero
no hay problema: cada niño que nace viene al mundo con el mayor de
los dones: un corazón con el poder para convertir los sueños en realidad. El
problema es que la cruel realidad que hemos creado (incluida en ello la
educación) - si nos descuidamos- puede
robarnos o destruirnos ese poder. No te dejes. No permitas que nada ni nadie te
robe el poder que tienes de convertir tus sueños en realidad.
sábado, 1 de marzo de 2025
¿El hombre nuevo?
Según Robert Redeker, escritor francés, el siglo XXI está generando un "hombre nuevo" nunca imaginado ni esperado un ser humano cuyo yo "ha sido absorbido por el cuerpo"; lo llama Egobody. De él solo la piel (el cuerpo acaparado por el gym, el deporte, la medicina, la farmacopea estética, lo sexual, la publicidad, las redes sociales) ha sobrevivido al alma y a la política, un hombre cuya unidad ha desaparecido, porque sólo es apariencia, "un fantasma nostálgico de esta unidad perdida, que en adelante obsesiona al presente". Es un cuerpo convertido en Ego.
Ahora se trata pues de "Yo soy mi cuerpo", dejando atrás esa bella expresión de Foucault, "Mi cuerpo, este papel, este fuego", en Historia de la locura. Los fanáticos de los sitios virtuales de citas o de los gimnasios, las estrellas deportivas o artísticas, las reinas de belleza, identifican su Yo con su cuerpo. Y esto constituye un giro sin precedentes, porque la humanidad siempre se había distinguido por la disociación entre el Yo (ya fuera entendido como algo psicológico o espiritual) y el cuerpo. Y así todos los rasgos no cuantificables del cuerpo han sido eliminados por el "hombre (cuerpo) nuevo". Incluso lo que los magos de todos los tiempo llamaban "cuerpo astral" ya no tiene sentido, pues ya no es el "mediador" entre el cuerpo físico y lo espiritual. Y peor aún, ese cuerpo nuevo que ha devorado su alma y su Yo, hace impensable la natural complejidad que envolvía la noción de cuerpo.
Y el Egobody tiene una forma particular de ser (y mostrarse) conformista: hace de la sexualidad su estandarte, la frontera entre lo humano y lo no humano, al convertirla en inevitable y, por ende, obligatoria. Antes la sexualidad estaba oculta en el centro del pensamiento (la literatura y el arte dan testimonio de ello, además del psicoanálisis); ahora solo tiene sentido desde la perspectiva de "estar conectado" a aparatos que modifican lo biológico y lo imaginario, bajo la apariencia de que se trata sólo de "entretenimiento". La verdad-máquina y el pensamiento-fábrica niegan la subjetividad, lo que explica el conformismo actual.
¿Quién es entonces el hombre? La filosofía lleva décadas sin querer responder esta pregunta. Foucault en 1966 proclamó la "muerte del hombre". Muerto ya no es una pregunta: "Una cosa en todo caso es cierta: el hombre no es el problema más antiguo, ni el más constante que se haya planteado el ser humano" (Las palabras y las cosas). Pero, ¿qué diferencia hay entre la pregunta y el problema? La pregunta es amplia y general, en tanto que el problema es la formulación filosófica de dicha cuestión: el "problema" del hombre está precedido por la "cuestión" del hombre. Recordemos que todo comenzó en el oráculo de Delfos: "Conócete a tí mismo", orden que es una pregunta destinada a ser el eje de la filosofía: tu no debes dejar de preguntarte: ¿quíen eres tú?... Una pregunta cuyo sentido es el de ser planteada incesantemente... ¿Quién soy yo?... ¿Quién eres tú?...¿Quién es el hombre?
martes, 25 de febrero de 2025
La vida puede ser complicada... sobre todo, si está prohibido ser felices.
A veces diera la impresión de que los humanos nos dedicamos a no dejar que los demás avancen...que sean diferentes...que vuelen por sí mismos sin importar a dónde ni cómo... Y comenzamos a esgrimir normas, obstáculos y prohibiciones: esto no está permitido, aquello es peligroso, es mejor que no… En este lugar está prohibido esto o aquello… Pero de lo que no nos damos cuenta es que por estar esperando a que el otro llegue para no dejarlo avanzar...nosotros estamos detenidos y tampoco avanzamos.
Por eso pienso que si no podemos evitar el prohibir (por cualquier
razón social o institucional) lo que hay que prohibir es aquello que
inevitablemente, si no lo hacemos, nos lleva a la infelicidad y a la
desilusión. Así que:
2. Queda prohibido no demostrar tu amor a esa persona que te hace vibrar… y no importan las condiciones ni las circunstancias, ni las normas o convencionalismos… porque no hay nada más importante que el amor.
3. Queda prohibido dejar de lado a todas las personas que te quieren… dejar a tus amigos; no esforzarse siempre por entender lo que vivieron juntos; buscarlos sólo cuando los necesitas… Queda prohibido echar a alguien de menos sin regocijarse, olvidar su mirada y sus ojos, su risa y su alegría… no importa que los caminos mutuos hayan dejado de abrazarse...
4. Queda prohibido no intentar comprender a los otros, sobre todo a los que son diferentes…pensar que sus vidas valen más o menos que la tuya, no entender que cada cual tiene su propio camino y su propia felicidad… Queda prohibido no tener un momento para los que te necesitan; no comprender que lo que la vida te da, también te lo puede quitar.
5. Queda prohibido no ser TÚ mismo ante los demás; fingir lo que no eres o aparentar lo que esperan que seas; hacerte el gracioso para que te recuerden… Queda prohibido no esforzarte y hacer las cosas por ti mismo, y tener miedo a la vida y a sus compromisos; no vivir cada día como si fuera el último …
6. Queda prohibido sufrir o llorar sin aprender; o levantarte un día sin saber qué hacer; queda prohibido tener miedo a tu pasado o a tus recuerdos… Queda prohibido no confiar en tu futuro o no creer en Dios y su misericordia.
7. En fin… Queda prohibido no sonreír a los problemas o dificultades; no luchar por lo que quieres, sea lo que sea; abandonarlo todo por miedo, por pereza o desilusión; Queda prohibido no convertir en realidad tus sueños...
lunes, 17 de febrero de 2025
Atrévete a volar
A veces sentimos que todo va mal, que nos hundimos en un abismo tan hondo y tan oscuro, que no vemos ni un rayo de luz. Es entonces cuando sólo hay que considerar todo lo que somos y tenemos, reunir nuestras fuerzas y persistir para salir adelante y triunfantes.
Tal vez ahí nos preguntemos si vale la pena seguir adelante o levantarnos de nuevo… Pero la verdadera pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿Mi vida vale la pena? Y creo que siempre tendríamos que responder: Claro que sí… Y entonces aparecen las razones para levantarse y seguir avanzando. Es que como señaló Hellen Keller, "La vida, o es una aventura o no es nada".
Supongamos que lo que nos llevó a
esas preguntas es el sufrimiento reiterado por amor: no logro entender por qué
si amo tanto a esa persona, estoy sufriendo tanto… no logro entender por qué
ella no me entiende (o yo no la entiendo a ella)… no logro comprender por qué lo
que antes era romanticismo y felicidad, ahora es rutina y desazón. Pero eso no
es tan importante como comprender que, de pronto, aunque
haya sufrido, lo fundamental es que en realidad ha sido un aprendizaje de lo complejo que es amar o ser amado.
O supongamos que cometí un error
y caí profundamente y ahora me encuentro en una total oscuridad. ¿Será eso en
lo que debo pensar? ¿Será eso lo de que debe mortificarme? ¿Valdrá la
pena pensar en que si hubiera actuado de otro modo todo sería hoy diferente?...
O más bien lo que debo pensar es que ya no puedo ir
más abajo… y de ahora en adelante todo va a ser hacia arriba hasta que vea
nuevamente la luz.
¿Por qué no pensar…
cuando tuve que llorar… que una lágrima vale la pena porque a través de ella me
reconozco como frágil y me muestro tal como soy?
¿Por qué no pensar que valió la
pena cometer esos errores… porque así adquirí mayor experiencia y más
objetividad y equilibrio frente a los retos futuros?
Es que vivir vale la pena… sencillamente porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a comenzar. Hay que pensar como Susan Sontag: "No he estado en todas partes, pero están en mi lista". Y deja de preocuparte por los baches del camino, sólo celebra que estás viajando.
Es que vivir vale la pena… porque
cuando cierro los ojos un instante y comienzo a soñar… ese sueño se convierte
en mi mundo real… un mundo en el que tengo alas y puedo volar.
Sólo tengo que dejar de lado los
miedos, las ansiedades y preocupaciones, todo aquello que no me deja volar… y
darle rienda suelta a los sueños que he escondido por tanto tiempo por no a
atreverme a soñar.
Ten fe en ti mismo: vuelve a soñar, no mires hacia atrás, comienza a recorrer caminos desconocidos, atrévete, vive y actúa con entusiasmo y frenesí, no te rindas tan fácil ante las adversidades… y cuando lo hayas logrado, disfruta de cada uno de tus sueños, ahora convertidos en realidades, y deja una huella para que otros que aún no se han atrevido a volar, puedan hacerlo. "El Señor mismo irá al frente de tí y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes" (Deuteronomio 31,8).
viernes, 14 de febrero de 2025
La gente que me fascina
Que no hay que
empujarla para que actúe
Sino que tiene
claro lo que hay que hacer…. Y lo hace rápidamente.
Me fascina la
gente que entiende y acepta las consecuencias de sus actos
Que no deja las
cosas al azar.
Me gusta la
gente estricta con su gente y consigo misma,
Pero que tiene
muy claro que somos humanos y nos podemos equivocar
Y está
dispuesta a entender y perdonar los errores.
Me fascina la
gente que conoce el valor de la alegría…
Y la ejerce con
su sonrisa y su satisfacción y la promueve entre los otros…
La gente que
incluso ante las dificultades mantiene la esperanza e irradia complacencia.
Me fascina la
gente sincera y franca,
Capaz de
oponerse con argumentos tranquilos y razonados a las decisiones de los demás.
Me gusta la
gente de criterio, que no traga entero…. Pero que no alardea.
La gente que no
se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó…
Y que al asumir
sus errores, se esfuerza realmente por no cometerlos de nuevo.
Me gusta la
gente capaz de criticarme constructivamente y de frente…
La gente que no
teme decir
lo que piensa…
La gente que es
capaz de expresarme su amor, pero también de cuestionarme mis errores.
A estos los
llamo amigos.
Me fascina la
gente fiel y constante, que no desfallece cuando se trata de lograr sus
ideales.
Me gusta la
gente de garra… que ve los obstáculos como retos.
Me gusta la
gente que trabaja por resultados, con claridad, y no por cumplir.
Me fascina la
gente que no se cansa de aprender… que no cree que ya lo sabe todo.
Me gusta la
gente inquieta y perseverante… que siempre está en búsqueda.
Con gente así
me gusta trabajar y darlo todo….así no obtenga ninguna remuneración…
Ya que con
haber tenido gente así a mi lado me doy por retribuido.
Pero sobre todo
Me fascina la
gente capaz de amar…siempre.
Me gusta la
gente sin miedos ni prejuicios ante los diferentes
Me gusta la
gente capaz de darse, de entregarse incondicionalmente
Me fascina la
gente capaz de ser…simplemente humanos.
¿Infidelidad o pérdida de la confianza?
El verdadero problema de una relación no es la infidelidad sino la pérdida de la confianza
Ambas palabras provienen de la
palabra fe, que a su vez deriva del vocablo latino fĭdes, que significa: fe, confianza, crédito, buena fe, palabra
dada. El campo semántico de la palabra fidelidad
contiene especialmente el tema de la confianza, la fe y la palabra empeñada,
por eso se alude a la infidelidad
cuando existe una ruptura, ausencia o falta de confianza o fe.
Por lo general la mayoría de las
personas considera infiel a quien, siendo consciente de sus actos, transgrede el
compromiso de exclusividad sexual con su pareja. Así la infidelidad se
considera algo intrínsecamente negativo, pues cuando se ejerce ataca mucho más
a un ideal que a una norma social determinada. Hay muchas personas que piensan
que si no hubo sexo no fue infidelidad, para ellos los besos no cuentan; otras
creen que tan sólo basta con pensar en serlo o fantasear con otra persona para
que haya infidelidad. Y algunas otras personas que, por ejemplo, se permiten
seducir gente constantemente, llegando a entablar largas charlas, no lo
consideran una infidelidad; u otros que piensan que tener relaciones sexuales
sin comprometerse afectivamente no es infidelidad. Eso explica creencias como “Mientras no me involucre afectivamente… todo
bien”, “El sexo es sexo y la pareja es otra cosa”, “Él/ella también lo haría”.
En cualquier relación siempre hay cosas
permitidas y cosas prohibidas. Los problemas en las parejas suelen surgir
cuando las reglas del juego no están claras, o cuando alguno las rompe o las
infringe.
El problema en el fondo es ver
que piensan de eso sus parejas, porque el tema fundamental para hablar de
infidelidad es la ruptura del contrato que se había establecido, que suele ser
tácito en la mayoría de los casos, y en el cual ambos miembros de la pareja
acuerdan mantener un vínculo de exclusividad sexual y afectiva; por lo tanto,
si el acuerdo era otro, si estaba permitido cierto tipo de contactos con otros;
si se sabe y se dice… es posible que la confianza no se deteriore. Tal vez lo
atractivo de la infidelidad es precisamente su condición de ser algo prohibido;
por eso es algo deseado: se desea lo que no se tiene y que se supone que el
otro/a se lo puede proporcionar. Además no podemos olvidar que el ser humano es
por naturaleza trasgresor. Y tal vez por eso, se tiende a mantenerlo en
secreto, lesionando la confianza en la pareja. Pero en el fondo, la
transgresión de la infidelidad podría ser perdonada, si no ha comprometido ni
compromete la confianza existente entre la pareja, así haya roto un supuesto o
real contrato. Por eso, insisto en que
el problema real no es la infidelidad como tal sino la confianza existente y su
posible pérdida.
Ahora bien, para la psicología
social y la sociología, la confianza es una hipótesis – yo diría, una apuesta, en el sentido pascaliano- que se realiza sobre la conducta futura del
otro. Se trata de una creencia que estima que esa persona será capaz de actuar
de una cierta manera frente a una determina situación. Por eso, la confianza puede reforzarse o debilitarse según
las acciones de la otra persona. La confianza se va construyendo o se va
destruyendo. La confianza supone una suspensión, al menos temporal, de la
incertidumbre respecto a las acciones del otro; mientras confiamos, aceptamos,
no dudamos, no celamos. Cuando se confía en el otro, uno cree que puede
predecir sus acciones y comportamientos; por eso la confianza es una actitud
que concierne el futuro, en la medida en que dicho futuro depende de la acción
del otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del
no-control del otro y del tiempo. La confianza, por lo tanto, simplifica la
relación (y en el fondo todas las relaciones sociales).
La confianza es la que más sale
perjudicada después de que una infidelidad es descubierta, la persona engañada
tendrá dificultades en volver a creer, en confiar nuevamente pues no se cumplió
con lo que se había pactado o convenido. Desde la sospecha hasta la certeza, poco
a poco se va destruyendo la confianza de los integrantes de la pareja en la que
se basó la relación. Y cuando se pierde la confianza, casi siempre es por
agotamiento emocional, y como lo dice Baltasar Gracián, por descuido: “La confianza es madre del descuido”. Por
algún motivo se descubre algo oculto y la duda entra en la relación, ya no se
cree… se vive en la incertidumbre. Y como la confianza es como un cristal, si
se rompe, por más que se vuelva a pegar nunca va a quedar igual.
La pérdida de la confianza
termina con cualquier relación: el hijo que a pesar de sus múltiples promesas
sigue obteniendo malas notas en la escuela, el marido que ha prometido no
volver a emborracharse, la pareja que sigue coqueteando con otros o el amigo
que suele dejarnos siempre plantados. Todas esta conductas terminarán, tarde o
temprano y dependiendo de nuestra propia tolerancia y paciencia hacia la
irresponsabilidad, con la relación.
Amores prohibidos
“Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad” (Marguerite Yourcenar)
Todos en algún momento de nuestra vida, nos hemos enamorado o sentido amor hacia otra persona: esa especie de fascinación que hace que quedemos "conectados", con necesidad de interactuar y de conocernos más. Es la experiencia de sentir mariposas en el estómago, de tener el pulso acelerado y hasta palpitaciones en el corazón; los científicos afirman que una serie de cambios bioquímicos se generan en nuestro organismo cuando eso ocurre.
ibido es el más bonito de todos?.
Los amores prohibidos siempre han existido; generados por circunstancias que no permiten que los enamorados estén juntos: alta diferencia de edades, vínculos o diferencias familiares, consanguinidad, mismo sexo, personas con otras parejas, etc. El ejemplo clásico de esto en la literatura es el de Romeo y Julieta que dieron su vida el uno por el otro. O el de Oscar Wilde que lo llevo a la cárcel durante la época victoriana. Y eso sin mencionar las múltiples letras de canciones que tratan ese tema. Así como estos se han dado muchos casos; algo que nos permite pensar que cuando existe este amor es inevitable que crezca, aunque las circunstancias sean adversas. Porque el saberlo amor prohibido genera en los amantes ese toque de emoción, de cosa oculta, robada, arriesgada, que hace que la adrenalina fluya al vivir cada encuentro como una aventura peligrosa, y lleva a hacer muchas locuras. Y es que no hay nada más tentador que lo que se considera prohibido. Por el simple hecho de que te lo prohíben… los seres humanos somos así: mientras más nos dicen que no, más anhelamos lo prohibido.
Pero, el amor prohibido es también un amor encadenado, ya que el amor requiere de libertad de expresión para poder desarrollar los sentimientos y proclamar con acciones y palabras lo que se siente. El amor prohibido tiene el sabor del deseo imposible de una felicidad perfecta, que debe permanecer oculta en la intimidad. Es un amor sin rostro, es un amor escondido, es un amor sin destino, es un amor clandestino. Y eso duele en el fondo, si bien un amor prohibido no se olvida porque es para siempre: nace cuando no debe, lo sientes cuando no puedes, pero perdura aunque no quieres. Amor prohibido es el que siempre queda en nuestro corazón: un amor bello, casi divino, casi celestial, pero, oculto y prohibido. Amor que desafía a la vida por no tener destino. Amor que retarda el presente y consume el futuro, porque solo vive porque ama.
Y es que “siempre hay un poco de locura en el amor. Más también siempre hay un poco de razón en la locura” (Friedrich Nietzsche). Y para los amantes prohibidos su amor desesperado podrá ser un delito ante la sociedad... pero nunca un pecado. Y es que, como lo dijo Saint-Exupery “el amor es lo único que crece cuando se reparte”. Y sin duda la razón nos puede decir que es mejor un amor prudente; pero la realidad es que es preferible amar dementemente a carecer de todo amor.
viernes, 15 de noviembre de 2019
Acerca del deseo y la libertad
jueves, 30 de mayo de 2019
¿Y del deseo como amor qué?
miércoles, 3 de octubre de 2018
Ser un maestro
- Saber sacar eso tan positivo que convive en nuestro interior, ayudar a parir nuestras potencialidades. Porque no puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerles pensar por sí mismos, ayudar a que cada uno saque de sí mismo todo lo que en él ya existe virtualmente, y lo vuelva acto.
- Cultivar, labrar, con la meta de lograr que el estudiante aún semilla sea fruto, que él mismo se convierta en fuente de vida para otras vidas.
- Ser instrumento de un ideal o utopía trascendente. El riesgo es claro: el maestro, que puede llegar a ser un liberador, puede igualmente convertirse en víctima.
- Esculpir y forjar; más que hablar, actuar...y en esa gestualidad reposa la esencia de su oficio: toma una materia difusa, genérica, para otorgarle – como en la historia de Adán – un cuerpo, un nombre, una particularidad. Claro, con la aspiración de la perpetuidad, pero con el grave peligro de que sea “a su imagen y semejanza”.
- Guiar: el maestro- brújula como orientación, punto de referencia, flecha indicativa del camino, ruta a seguir.
- Producir catarsis...sale el maestro a escena, empieza la actuación: su palabra, sus gestos, su cuerpo, todo ello contribuye, nada es gratuito: ni el decorado, ni los efectos, ni el vestuario...todo contribuye a la acción dramática.
- Proporcionar algo a alguien que no lo tenía o que ni siquiera sospechaba que existía.
- Mediar, ser capaz de poner en contacto dos realidades distantes o extrañas; siendo apenas un facilitador, un instrumento para la comunicación o la comunión; un canal.
- Custodiar: guardián del patrimonio más esencial de la comunidad.
- Pero, sobre todo, generar placer y felicidad en el proceso de aprendizaje: Nunca olvidamos lo que aprendemos con placer. Al fin de cuentas, “la educación no es la preparación para la vida; es la vida misma” (John Dewey), y la finalidad de la existencia es ser feliz.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
A propósito de... hoy quiero hablar de espiritualidad
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